Parece increíble, pero en el mundo laboral la respuesta a esta pregunta es un sí rotundo, más si eres mujer. Aunque todos somos conscientes que cualquier hombre o mujer con esa edad está en plenitud de facultades, acumula experiencia y mantiene un grado de superación personal alto, incluidas las vivencias personales que le proporcionan un punto crítico con él mismo y con su entorno que le permite cuestionarse cosas que otros tal vez aún deban vivir, desarrollo de la inteligencia emocional.

Resumiendo los razonamientos (lo simple es más eficaz), tenemos dos opciones para “justificar esto”: En primer lugar está en el coste que pueden tener estos profesionales frente a personas más jóvenes que buscan sus primeras oportunidades, y sin duda existe este diferencial. Lógicamente el punto vital en el que se encuentran les genera diferentes necesidades.
La segunda justificación se encuentra está en la posibilidad que ofrece una persona más joven de ser formada y adaptada a una determinada cultura empresarial, frente al profesional con experiencia sobre el que se puede pensar que viene con unos hábitos adquiridos que difícilmente cambiará.
Pero, el mayor coste puede repercutir de forma inmediata en beneficios para la organización, aporte de conocimiento y experiencia, resultados. Por otra parte, la adaptación a una determinada “cultura” es una “milonga” que los que están dentro de la organización esgrimen para protegerse, siempre es mejor para cualquier empresa que su entorno se vea enriquecido con la experiencia del nuevo profesional contratado.
En definitiva, cuando se plantee un proceso de selección en una empresa lo primero es apartar todos los “prejuicios” de edad, sexo, ubicación geográfica, aspecto físico, etc. Después, redacten un buen perfil, el mejor. Tod@s pueden ser válidos, no depende del que selecciona, depende del candidato.
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