
Pero este año hay algo diferente, la sensación es otra, parece que son más que otros años, parece que los que van a la playa no tienen prisa. Los que pasean, toman el sol o juegan tienen otra actitud, tal vez más relajada. La verdad es que para muchos de ellos es un verano diferente, después de muchos años de trabajo, donde solo se disponía de unos días de vacaciones en verano y estos debían disfrutarse de forma frenética o en una pequeña escapada de una semana. Ahora se encuentran con todo el tiempo del mundo (al menos de momento), no deben tener prisa, están en el paro.
De todas formas el espíritu no cambia, sean cuales sean las circunstancias de cada uno, cuando se acercan a la playa sonríen, disfrutan, intentan ser felices. No van a la playa para lamentarse, van para evadirse. El sol y el mar sirven de plan de choque, ese que los políticos no saben hacer.