Nos comunicamos de forma diferente,
rápida, instantánea, escribimos en muros a personas que veremos en horas,
mandamos mensajes por cualquier excusa, y esto continua, no es una moda,
evolucionará y cambiará muchos de los hábitos interiorizados por una sociedad
que ya definitivamente esta dejando el siglo XX. No es una profecía,
simplemente es una nueva revolución… ¿Digital?
Desde aproximadamente el año 2004, el
uso de las redes sociales y de las herramientas que aparecen bajo el paraguas
de Internet, nos posicionan de forma diferente en medio de un mundo
interconectado. Y esta es una de las claves más importantes y tal vez más
controvertidas para los usuarios menos avanzadas, sobre todo para aquellos que
llamamos “inmigrantes
digitales”: Decir dónde estás.
Ya no solo subimos fotos, las
comentamos, escribimos en blogs o enviamos mensajes, sino que además podemos
decir desde donde lo estamos haciendo. El “geoposicionamiento” viene
acompañando a los dispositivos móviles y obviamente necesita de la activación
del usuario para que funcione, se trata de una opción voluntaria.
Pensemos ahora por un momento en el
mundo de la empresa y en la necesidad que existe en los centros de trabajo de
establecer sistemas de control de accesos. Antes estos sistemas funcionaban
solo como control
horario, ahora forman parte de la seguridad de las instalaciones. De todas
las empresas que he podido visitar, la mayoría de ellas tenían instalados
sistemas de este tipo, algunos más sofisticados y otros más “antiguos”, pero
todas, absolutamente todas tenían entre sus trabajadores interiorizado el valor
común de identificarse en los puntos de accesos.
Y aquí es donde viene el giro de
este post. Si que existe una diferencia entre empresas. Cuando hablamos de
grandes empresas, corporaciones que acumulan plantillas numerosas en un punto
de trabajo, o edificios dispersos en un parque empresarial, esta cultura está
totalmente extendida. Nadie de la organización, ocupe el lugar que ocupe pasa
(hablando literalmente) de ese tipo de controles, es más, en algunos lugares es
posible ver a tod@s con una identificación personal a la vista.
Sin embargo, cuando bajamos a
empresas más pequeñas, y no por ello con instalaciones menos vastas o
complicadas que las de las grandes corporaciones, nos encontramos casi siempre
que una parte de su plantilla, aquella que supuestamente dirige los destinos
estratégicos, los mismos que deciden qué tipo de control se instala en los
accesos, que no usan el sistema. Si, así es, o acaso no conoces una empresa
donde ocurre esto.
Parece ser que el directivo de una
Pyme debe tener ciertos privilegios que le distingan del resto de miembros de
la empresa, entre ellos está el de no pasar por un control
de accesos que se supone pensado más para evitar el absentismo, que como
sistema de seguridad y localización. Estos mismos ejecutivos que disponen de
teléfonos de última generación (otro de sus privilegios), donde tal vez por
falta de uso o incluso por su propia condición de “inmigrante digital”, estén
siendo continuamente monitorizados por un GPS que son incapaces de desactivar.
Paradojas de las revoluciones.
Algunos se resisten a incorporar en sus empresas los nuevos “sistemas
sociales”, mientras redefinen sus valores. No podemos estar más de acuerdo.
Estos mismos directivos son los que prohíben el uso de las redes sociales en
sus empresas. Pero no ven la viga en su propio ojo. Si, justo, ese con el que
no ven que esto está cambiando.
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